Las casas de cartón

18 Aug Las casas de cartón

Los profesores regresan a clase. Primera semana de curso. Días fugaces donde las microtareas, las listas de cosas a resolver convierten cada jornada en un itinerario. En el intermedio de esas tareas, quizás mirando distraídos por la ventana, quizás el gesto de una alumna, o una extraña sensación de déjà-vu nos hace recordar que no hace ni tres semanas, estábamos recorriendo las calles de Ocotal, visitando las casas de las niñas.

Es importante no acostumbrarse. No olvidar sitios como el barrio Sandino. A tan sólo quinientos metros del centro, dicho barrio concentraba la mayoría de las casas de las niñas con las que estuvimos trabajando el pasado agosto. Fue una de las últimas tardes y les dijimos que no queríamos marcharnos sin ver cómo vivían nuestras estudiantes. La guía nos explicó que el barrio se dividía en tres zonas y a que a partir de la segunda los taxis ya no se adentraban allì. “Veremos tantas casas como podamos”, nos dijo, “lo más importante es platicar con ellos”.

Con el paso del tiempo resulta difícil ordenar el cúmulo de sensaciones, imágenes, miradas y conversaciones que tuvimos aquella tarde. Tuvo algo de descenso, no sólo por las cuestas ni lo caótico de muchas de las casas, sino por la profundidad que le daba a nuestra relación con las niñas el ver dónde vivían y entender el porqué de muchas de las cosas que nos contaban.

La casa de A. fue una de las primeras. Más que la construcción, lo que nos llamó la atención fue conocer a su hermana, una madre adolescente con la que compartía muchas de las tardes cocinando o cuidando al pequeño.

Después fuimos a la de B. Su habitación estaba hecha de madera y barro. Al principio, cuando nos vio aparecer, no supo qué hacer. Le daba “pena” (vergüenza). Sin embargo, al poco, ya estaba sonriendo otra vez. 


A partir de entonces, entramos en la zona tres, caminos de tierra, subidas por roca que nuestra guía recorría como bailando, cada zancada en la roca idónea, sin dudar ni un momento cuál era el mejor agarre para no acabar estampado contra alguna de las improvisadas verjas.

La siguiente casa, tras las pintadas de propaganda del gobierno en la entrada -intuimos que serán pactadas con las autoridades locales- se encuentra la abuela de una de nuestras alumnas viendo una telenovela. Su discurso, posiblemente automatizado por años de repetición, es el de muchas de las mujeres de Ocotal. “No se apuren, no hace falta que la niña sepa hacer mucho. Me conformaría con que sepa cocinar y limpiar”.

No obstante, uno de los momentos más duros vino cuando vimos dónde vive nuestra reciente “lectora” M. Su casa no tiene techo. Se sostiene con unas maderas y unos plásticos que a duras penas podrán contener la lluvia casi diaria. Cabe anotar, con indignación y en perspectiva, que intentamos gestionar la manera de arreglar su techo antes de regresar. Nos fue imposible.

Con la excepción del señor Rafael, un encantador jornalero que tras recoger sus frijoles nos invitó a pasar, nos cantó y quiso compartir su casa y alegría con nosotros, fue una tarde bastante gris. Los nicaragüenses que visitamos hicieron gala de la hospitalidad de “los que nada tienen pero todo lo comparten”. No hubo nadie que no nos ofreciera no sólo asiento sino su propia casa como alojamiento. Lo cual acentuó nuestro compromiso.

Quizás la imagen que mejor represente la necesidad y el porqué de nuestra estancia en Nicaragua y el proyecto Daukaia sea esta:



Un oso de peluche medio destrozado -pero que conserva cierta inocencia en esa cabecita inclinada- junto a la olla donde todos los días se cocina en el fogón los perpetuos arroz y frijoles. Es una estampa de las vidas de las chicas de casa Nazaret y desgraciadamente muestra muy bien el paso directo de los juegos infantiles a la cocina que les espera a muchas de ellas si nos conformamos con olvidar.

Ahora ya estamos de vuelta. Tenemos agua todos los días, un trabajo que requiere nuestras atención y un sinfín de tareas que se acumulan en la lista cotidiana. Sin embargo no podemos olvidar lo que hemos visto, los sentimientos encontrados, la ganas de seguir luchando por cambiar las cosas. Este año nuestra vuelta no será sólo al cole.

admin
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