Poeta

12 Aug Poeta

Las niñas están entusiasmadas con la obra. Hoy tocaba ensayo con vestuario y gran parte de lo que es todo el atrezzo. El resultado era una buena mezcla entre psicodelia y ternura: el fondo de la casa de los enanos tiene naranja en las paredes, púrpura en las camas y un fregadero que asemeja la bandera de arcoiris; las casas de los tres cerditos son el mejor ejemplo de arquitectura orgánica: paja para la primera, ramitas -que recogieron tras la lluvia para la segunda- y, ladrillo del mejor plastidecor para la tercera. Hoy que han visto como el trabajo de estas semanas está vivo en el escenario no dejaban de aplaudir.

Quien no aplaudía pero no ha perdido detalle de esta experiencia es la protagonista de nuestra entrada. Es un personaje secundario dentro de nuestro proyecto, alguien que sonríe siempre que aparecemos, saluda y luego continua discretamente su labor. Hoy, tras descubrir parte de su historia, queremos compartirla. Se llama Laurita y, además de cocinera, es poeta.
Laurita trabaja preparando la comida de las niñas de la asociación donde colaboramos. Ella llega por las mañanas y dispone ese fogón bajo pequeño techo de aluminio que han dado en llamar cocina. Como mucha de la gente que hemos conocido este mes, tiene mucha menos edad de lo que aparenta. Entró a trabajar aquí hace un par de años y su labor es convertir esas cajas de comida deshidratada que dona Save the children en algo que las niñas puedan degustar. Sin embargo Laurita es algo más.Esta mujer de rasgos toscos y un ligero estrabismo, también tiene la sonrisa fácil y una total entrega a los demás.
Y además es poeta.. Escribe poesías a las niñas, les pone letra a los canturreos que ellas esbozan mientras ponen la mesa u ordenan la biblioteca e incluso construyó una historia que unificase los dibujos de las niñas durante una sesión de un taller.

Las poesías de Laurita explican su pasado, un pasado duro y lleno de baches hasta que llegó aquí. Si en sus poesías habla de pequeños objetos o referencias a vivencias íntimas (el árbol donde conoció a su marido o el sabor de los tamarindos) en su vida real demuestra una hipersensibilidad para todo. “Ay profesor, (nos llama así, invistiéndonos una autoridad a lo “doctor” o “señor juez”), yo es que no puedo con los gritos. Están por encima de mí”.

Laurita cuenta que en su casa siempre los había, que incluso ahora, cuando las niñas chillan jugando o tienen la tarde inquieta, ella se ausenta. Su vida no ha sido fácil. Recluida en casa, padeció una depresión con accesos de esquizofrenia que despierta nuestra inquietud. Nos habló de voces que no la dejaban escucharse, que le decían cosas. Ahora, recuperada ya largo tiempo, se escapa de la cocina unos minutos a leerles poemas a las niñas.
Hoy nos ha  mostrado uno orgullosa y queremos compartirlo. La caligrafía, es torpe, la ortografía ausente pero el sentimiento es puro. Ha hecho vibrar a las niñas y ha sido la puerta que nos ha llevado a escribir para vosotros hoy su historia.

 

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