Primeras Palabras

06 Aug Primeras Palabras

Si decíamos que aprender a leer es despertar, ¿qué podemos decir de la primera palabra de M.?

Su nombre, aquello que nos define, identifica y a veces etiqueta, es lo primero que ella ha escrito. Verla es todo un prodigio: asoma medio cuerpo sobre la mesa, mueve de forma torpe pero decidida el bolígrafo y recita, como si fuera su canción favorita, cada una de las letras que va realizando. Ha necesitado su tiempo, ha bromeado a la mitad y ha pedido permiso para ir al baño, ha dudado unas cuantas veces y consultado su alfabeto de cartón ( ese que fabricamos a principios de la semana).
Victoria. Alza la mano para que la choquemos todos los profes. ¿Y después? La persona más importante. Elige el nombre de su mamá. Y después, los nuestros. Y por último, pensando en sus amigas, una palabra sobre la obra que, tras tunearla con un dibujito, la hace reír.
Es curioso. A veces olvidamos que tiene veinticinco años. Pero tampoco importa, para ella es tanta la sorpresa con los ejercicios y las atenciones que le dedicamos que nos ha contagiado un espíritu infantil: una alegría ingenua que nos recuerda que cada pequeño paso que M. consigue es un triunfo.
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